En la madrugada del 16 de noviembre de 1989 un comando militar entró en la Universidad José Simeón Cañas y asesinó a seis sacerdotes jesuitas, su cocinera y la hija de esta. Un cuarto de siglo después, los principales responsables de la masacre siguen libres y la alta cota de influencia política que conserva el Ejército impide que se les juzgue en El Salvador.

Panfletos


 

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    La Unión Guerrera Blanca
    La Unión Guerrera Blanca era un conocido escuadrón de la muerte que operó durante los años setenta y ochenta. En este panfleto difundido en junio de 1977 amenazaba con asesinar a todos los jesuitas que vivían en El Salvador si no abandonaban el país en un lapso de 30 días. / En enero de 1978, un pequeño periódico llamado “La Opinión” responsabilizaba a los jesuitas de cualquier alteración de la paz pública y los acusaba de transmitir instrucciones del marxismo internacional a monseñor Óscar Arnulfo Romero.
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    ¡Fuera Curas Comunistas!
    Otro conocido escuadrón de la muerte, la Liga Anticomunista Salvadoreña, difundió en 1981 este panfleto en el que hacía un llamado al pueblo salvadoreño a mantener vigilancia sobre los “jesuitas y monjas marxistas”, a quienes responsabilizaba por la violencia y los secuestros en el país y acusaba de pervertir el cristianismo.
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    Frente Anticomunista Salvadoreño
    El 9 de septiembre de 1991 un grupo que se hacía llamar Frente Anticomunista Salvadoreño se adjudicó el asesinato de los jesuitas en 1989. En su proclama decía que así como había “eliminado” a los jesuitas eliminaría a quienes pertenecieran al FMLN-FDR. / El Grupo Anticomunista Salvadoreño publicó en enero de 1990 un listado con los nombres de aquellos a quienes consideraba los principales “delincuentes/terroristas” del país. Les culpaba de la destrucción del “pueblo”. En el listado aparecían los nombres de cinco de los jesuitas que asesinados el 16 de noviembre de 1989.
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    "Jesuitas!!"
    Un panfleto anónimo y sin fecha que acusaba a los jesuitas de la violencia que sufría El Salvador durante los años de guerra, y de haber cambiado la “fe en Cristo” por la “fe en el marxismo”. / Un grupo que se hacía llamar “Estudiantes Nacionalistas de la UCA” culpó al “extranjero” Ignacio Ellacuría de estar interviniendo en los asuntos políticos del país durante la discusión de la reforma agraria. El presidente Arturo Armando Molina concedió la nacionalidad salvadoreña a Ellacuría. / El Frente Agropecuario de la Región Oriental, mejor conocido como FARO, acusaba al entonces rector de la UCA, Román Mayorga Quiroz, de mentir sobre la participación de los jesuitas en el formulación del proyecto de reforma agraria del presidente Molina. FARO era una asociación de grandes terratenientes que se formó para oponerse a la reforma agraria. En 1976 Ellacuría publicó en la revista ECA un famoso artículo llamado “A sus órdenes, mi capital”, en el que criticaba a Molina por ceder ante las presiones de la ANEP y no llevar a cabo la reforma.
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    En un pequeño suplemento llamado “La Iglesia, la Santa Inquisición y los Derechos Humanos”, difundido por el autodenominado Comité de Salvación de las Ovejas Descarriadas de la Iglesia Católica en mayo de 1977, se hacía una larga diatriba contra los sacerdotes que hablaban de los pobres, de los Derechos Humanos y de la Teología de la liberación. Se les llamaba “agentes del anticristo”.
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    Faro felicita a cardenal Casariego
    El 19 de marzo de 1977, FARO publicó un comunicado en La Prensa Gráfica en el que denunciaba que los jesuitas estaban usando el asesinato de Rutilio Grande como subterfugio para convertir los actos religiosos en mítines políticos. El jesuita Rutilio Grande fue asesinado, junto a dos colaboradores, el 12 de marzo de 1977 cuando se dirigía a celebrar una misa en El Paisnal. / En 1977, FARO emprendió una campaña contra los jesuitas. Publicaba un comunicado casi toda las semanas en los periódicos de mayor circulación del país. En este comunicado, FARO reafirmaba sus reproches a los sacerdotes por inmiscuirse en los asuntos nacionales y no limitarse a su labor pastoral.